Tercer Viaje - Aburrirse

     Martes primero de mayo. Día de descanso. El manto gris cubre, impoluto, el cielo desde quién sabe cuándo. Las finísimas gotas navegan por el aire humedeciendo todo alrededor. Las canciones, escuchadas una y mil veces, suenan en el orden elegido para sonar. Cinco meses de este año, que no se entiende si son los últimos del 2023, que por alguna extraña razón se extendió, o un impase temporal de un 2024 que todavía nunca arrancó.

    Planes de asado o quizás fideos con bolognesa que se configuran en cámara lenta, a través de mensajes que no encuentran su interlocutor. Momentos de soledad. De inadvertida desplanificación. Horas fuera del calendar que dan lugar a decidir qué hacer. Ordenar? limpiar? Prender el televisor? Meditar? Escribir? Agujas en algún reloj digital que le marcan sentencia de muerte a la tan deseada soledad. Deseada? Si vos invitaste a todas esas personas a tu casa. Si vos enviaste esos mensajes buscando cómplices en el deseo de compartir. 

    Qué le hicieron a nuestras mentes? Qué le hicimos a nuestras voluntades, que tan reacias se hicieron al silencio, al no molestar? De dónde surge la imposibilidad de desayunar solo mirando el cielo? De comer mirando la comida. De comer y solo masticar sin nada más que hacer. De llenar ese hueco temporal con stories de instagram. De dónde nace ese miedo, ese temor de sentarse en el sillón y solo pensar? Por qué huimos de nuestra charla interior, corriendo hacia algún espacio donde otra cosa, otra pantalla, otra persona, llene el vacío con ideas que no son de nuestra creación?

    Me aburro, alegamos, y luego en otra charla: no tengo tiempo, decimos. Sin ver como somos nosotros que lo malgastamos. Nos creímos que siempre debe haber algo para hacer, algo para consumir, algo para compartir. Pero nadie nos enseñó a divertirnos solos, como cuando éramos chicos, cuando sentarse a dibujar, a construir castillos con ladrillitos para armar, era sin dudas el mejor plan. Por qué en la vida de ciudad, siempre hay algún plan, algo para ver, algo para escuchar, y si estás cansado qué mejor que netflix o el celular.

    Los maestros dicen: el presente es donde hay que estar. Pero cómo lograrlo si ni siquiera sos capaz de masticar sin mirar el celular? Si no podés pasar diez minutos sin planear lo que sucederá. Una cosa a la vez es mi lema del momento. Una cosa a la vez. Aburrirse si hace falta. De hecho, creo que ni siquiera sabes lo que es aburrirse. Alguna vez te pasó? Cómo se siente?  Tiene que ver con no saber qué hacer? Es no tener nada para hacer? O es acaso, desconectarse de tu diálogo interno, no estar interesado en lo que tenés para decirte. Tal como muchas veces te pasa cuando con un ojo ves la tele y con el otro, lees un grupo de whatsapp. O como cuando en una cena de tanto escuchar boludes empezás a bostezar. O como cuando miras el reloj para saber cuándo es la hora de ir al próximo lugar. Eso suena más parecido al aburrimiento. A la imposibilidad de satisfacer tus necesidades de estimulación. Estar solo un rato con tu mente, suena más a oportunidad. A la posibilidad de encontrar algo nuevo en los recovecos de tu intelectualidad. Lo que tenés no es aburrimiento, es miedo, es terror de lo que, en completo silencio, tengas que escuchar.


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