Amor de estatuas y palomas


El estatua y ella paloma, bailan una milonga de miradas. 

Una mano arriba de la otra, aleteos que son caricias.

El estatua y ella paloma, discuten en silencio 

sobre le futuro que alguna vez pasó y sobre el pasado que querrán. 

Solo con mirarse, hablan del sexo sin amor y del amor sin sexo.

Hablan de amar todos los días y de aquellos días sin amor.

Hablan de la paloma que se pasa el día en ese hombro todo menos aterciopelado y, del viejito de larga barba blanca que, 8:45 tira migas en la esquina.

Hablan de la resiliencia de la estatua. De su forma de moverse, siempre en el mismo lugar.

Sin palabras, hablan de su mente abierta y de sus ganas de cambiar.

De la estatua de la vuelta y sus cientos de palomas. 

De las palomas sin estatua que van en busca de gorriones y 

también de que River no gano la libertadores.


Sin sonidos, ellos discuten durante horas. 

Es cuestión de mirase a los ojos para entenderse hasta adentro. 

Es cuestión de tocarse para no tener nada más de que hablar.


Son dos palabras 

las que ponen en marcha el hermoso baile de la estatua.

Movimientos robóticos, 

pero no por eso menos fluidos, quedan encerrados en un costra de cemento.

La paloma callada, cabizbaja, intenta disfrutar del momento. 

Dejar de mirar sus ojos color cimiento 

la hacen entender lo que estaba sucediendo.

Antes de poder pensarlo, 

sin sufrirlo, 

sin dudarlo; 

ya estaba perdida en el viento.

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