Instrucciones para la cuarentena
Qué hacer cuando las agujas del reloj giren en sentido contrario y nadie se de cuenta? Cuando el Lunes, sea Viernes, Sábado y Domingo a la vez?
Qué hacer cuando los planes del futuro se conviertan todos en novelas de ficción? Cuando tu vecino sea tu peor enemigo y su familia miembros del Hezbolá?
Qué hacer cuando los besos se conviertan en balas y los abrazos un quizás?
Que hacer cuando hayas encontrado todas las caritas en el techo de madera de tu casa y ver por tercera vez Friends ya no sea una opción?
Qué hacer cuando el challenge sea dejar de mirar stories y no lo puedas cumplir?
Qué hacer cuando los bondis se arrepientan de aquella vez en que se quejaban de ir muy llenos?
O, cuando Woody y Buzz encuentren imposible embarcarse en una de sus aventuras porque los nenes siempre están ahí?
Qué hacer cuando en los teatros solo se escuche el eco de los aplausos que alguna vez fueron ovación?
Qué hacer cuando ya no haya más fotos viejas que mirar, más placares que ordenar, más polvo que limpiar?
Qué hacer si quedaste encerrado con ese que amas? Y qué si fue sin ese que amas?
Qué hacer cuando tu cuatro paredes sean barrotes y la ventana apenas un cuadro de Monet?
Qué hacer cuando no te banques más al perro o al gato?
O, cuando te quedes sin datos?
No, en serio, y ahi que hacés?
Porque no se acabó el mundo, es peor. Se acabó nuestro mundo.
Si el fin del mundo fuese lo que nos persigue, sería todo mucho más fácil. Porque no habría nada que hacer. Solo abrazarse, mirarse y esperar sentado a que el verde sea negro, el amarillo sea negro, el blanco sea negro y así.
Pero no, allá afuera, todo está igual.
Quieto, silencioso pero igual.
Los que cambiamos fuimos nosotros.
Seres sociales, creados en comunidad, programados para sobrevivir. Y la única forma que conocíamos para hacerlo era en conjunto con otros. Qué será más fuerte, el instinto de sobrevivir o nuestra naturaleza social?
Porque el mundo no se acabó, solo nos echó. Nos creímos los dueños y nos puso en nuestro lugar. Enredados en nuestra propia correa, el mundo nos cerró sus puertas.
Se cansó de tanta omnipotencia y decidió dejarnos dentro de nuestra cajita de cristal virtual. Total, muchos ni lo notarán, dijo.
Porque el mundo no se acabó. Nuestro mundo se acabó.
Qué hacer? Ni idea que hacer.
Pero voy a empezar por abrir la ventana, respirar y una a una hacer todas esas cosas que siempre quedaron sin priorizar. Que, con la excusa del tiempo quedaban siempre en último lugar. Para que cuando esto termine, pueda pisar la calle, buscar el lugar con más gente que encuentre y gritar:
“LA PUTA MADRE QUE BIEN ME VINO ESTA CUARENTENA!”
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