El primer viaje

El viaje arranca acá. Porque para viajar hay que moverse, eso está claro. Hay que soltar la pantalla,  los planes, superar el FOMO, que hoy tanto decimos y a veces dejar esta ciudad que tanto nos gusta. Y como cuesta eh.

Decímelo a mí, que hace unos meses me quería ir. De hecho me iba. Fiesta de despedida y todo el circo. Cuadernito en blanco para arrancar una nueva historia. Pero al final, todo se reduce a donde pone uno la energía, no? A los planes que haces y los que deshaces. A las decisiones que tomas.

Yo creo que ahí está la verdadera lección, o al menos lo que aprendí yo en estos ya 8 meses de no haberme ido: En hacer planes, todos los planes que puedas. Algunos para ya, otros para dentro de un rato y otros para en algún momento. Y después… vivir la vida, porque al final no queda otra. Pero sin nunca olvidarse de ese objetivo final. Ir poniendo un poquito de esa energía que tenés, en cada una de las pequeñas cosas que te van a acercar unos metritos más a esa meta, a ese mundo de fantasía que está adentro de tu cabeza.

Pero claro, de repente pasó un mes, seis, 2 años y viviste la vida, enfocaste la energía. En una de esas, pasó una pandemia en el medio o anda a saber que cosa rara. Y en una de esas, ya no sabes ni qué estabas haciendo con ese plan que te quedó en la mano. Con toda esa energía que pusiste en ese caminito que se extiende hacia lo lejos. Con suerte lo escribiste el objetivo final en algún lado, se lo contaste a algún amigo, o hasta hiciste una fiesta de despedida. Pero en una de esas ni te acordaste que era, o incluso por que lo estabas haciendo.

Y acá es donde está el punto importante. En ese momento es cuando te toca parar. Parar y pensar para algunos, o sentir para otros. Pero sobre todo entender. Entender que chota estás haciendo, que chota estuviste haciendo. A donde estás yendo y sobre todo a donde querés ir. Es el momento de pensar que significa el plan. ¿Lo que quería era irme? ¿Lo que quería era llegar hasta allá? ¿Tener eso? O lo que quería era una salida de donde estaba. Quizás era vivir todo lo que viví, todo lo que me trajo hasta acá. No sé. Pero es que tampoco importa, lo que importa es que ahora podés hacer más planes. Por que frenaste, pensaste, sentiste, entendiste. Y si, obvio que es difícil, por que el orgullo, el que dirán, la lucha interior de ir en contra de tus propias decisiones. 

Si ni siquiera yo se que quiero hacer, ¿quién va a saber? ¿Que hago con toda esa energía que puse ahí? ¿La perdí?Pero, a su vez, ¿Cómo mi yo de hace 2 años iba a saber lo que iba a querer mi yo de hoy? ¿Cómo voy a asegurar que toda esa energía no me llevó exactamente a ser lo que soy hoy?  ¿Estás contento? ¿La estás pasando bien? Porque eso es fundamental, claro está. Si la estás pasando mal, entonces los planes están mal o al menos tienen que pasar ya mismo.

¿Dónde estás? ¿A dónde querés ir? ¿Qué querés hacer? Ahora podes agarrar y tachar todos esos planes, al menos por ahora, y volver a planear. Sin nunca olvidarte que, a veces, el destino del viaje, está más cerca de lo que pensás.




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