Segundo Viaje - El Silencio

El silencio


La música pinta la vida. 

Pinceladas de acuarelas y óleos salen de alguna esquina y recorren el aire coloreando todo a su paso. Inundan los espacios, formas y colores, que se transforman, mutan con cada segundo que pasa, pero que se fijan en el instante que tocan tu piel. En cada cual de alguna forma en particular, atravesando hasta lo más profundo de tu ser, haciéndote bailar, agradecer, llorar, reir, relajar, gozar. A cada cual según lo que escuchó, lo que vio, lo que bailó, lo que vivió. Pero la música está ahí, viva, inmutable, para todos, en todos sus colores, sus formas y sabores; queriendo acopiar todos los centímetros que pueda. Queriendo adueñarse de todo aire que le rodee. Buscando expandirse para atravesar acaso una piel más.

Cada canción, cada pieza, cada cuadro, como distintas hojas de un mismo libro, se esmera en llevar su mensaje. Mensaje cuyo código, cuya clave, no está determinada por su ritmo o su armonía, sino más bien por quien escucha. Mensaje que llega también desde las palabras, frases de canciones que quizás cantas de memoria, de principio a fin, y quizás, ni siquiera sabés que dicen; ni siquiera podés asegurar que información te está a punto de implantar. Pero no importa, porque ese programa ya se instaló, esas pinceladas ya son parte de un cuadro en tu galería, de un libro en tu estantería.

Y qué bello, qué compañera más ejemplar, siempre lista y deseosa de llevar de la mano cada momento, cada instante, cada recuerdo. De condimentar el aire con emociones, reviviendo lo que alguien alguna vez quiso decir, lo que un instrumento pudo comunicar. Transmitiendo en su genética los sonidos que alguna vez también fueron un ritual.

Pero, qué es la música, sino los silencios que se asoman en cada compás? Qué es, sino los espacios vacíos que, en contraste con el color, hacen que el ruido se convierta en canción? Instrumentos tocados para que suenen precisamente así, pero también para que callen exactamente así. Notas largas que se desparraman por el espacio, pero que solo cobran sentido en su enmudecido final. Líneas, curvas y puntos que circunnavegan el aire solo se perciben como tal por el espacio que las separa de las demás. Planos y planos, capas y capas, construyen paisajes en los que se puede pisar, caminar, andar, pero solo gracias al vacío que también se esmeraron en fabricar. 

Porque si bien el movimiento es esencial, vital y fundamental, es en el silencio donde pasan las cosas de verdad. Es ahí donde se habla de lo que hay que hablar, donde brotan las ideas que, abarrotadas, se veían estancadas en el bullicio mental. Es en el espacio vacío, donde la potencialidad da lugar a lo que puede llegar a pasar. Donde las curvas, antes amorfas e inconexas, se unen para dibujarse con claridad. Es en el hueco que, abriéndose paso entre las formas, se planta la semilla de lo que florecerá. 

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