Cuarto Viaje - La muerte de la verdad

Era de acuario. Año de la serpiente. Tercera guerra mundial. Inteligencia artificial. Meditar. Hacerlo más. Algunos momentos para descansar. Prácticamente una realidad virtual. Algo ocurre, cambia. Rápido. En realidad, siempre cambio. Ahora lo hace también. Quizás más, pero no lo sé. Solo puedo imaginar esto que es.

Los colores y las banderas sostienen enarboladas las ideas que discuten en la calle o en algún canal. El fervor es total. Es difícil saber qué pensar, qué está bien, qué está mal. El empoderamiento de ideas contradictoriamente malas, es el alimento enlatado del rating digital. Se dividió una vez más, y de nuevo como siempre, el terreno. El juego de ganar. De ver quién tiene razón; de discutir por ideales pero más y más, de discutir por discutir. Por la sabrosa dopamina de tener razón. ‘Te odio! Todavía no sé por qué pero por las dudas, te odio’. 

Nos vendieron que más conocimiento vendría con mayor información. Mientras tanto, mientras soñábamos hipnotizados con alguna nueva actualización, nos robaron la verdad. La hicieron desaparecer, en algún lugar con olor a basura, detrás de una niebla de noticias, twits, y supuesta información. Tres tiros en la espalda, y que no vuelva más, dijeron, guardando el revólver a plena luz. 

Sumidos en el sueño, navegando con el pulgar el joystick de esa infinita pero cíclica y repetitiva realidad, que algún algoritmo decidió elegir por nosotros. Diciendo basta, pero pidiendo un poco más; nos desguarecimos, y dispersos desbarataron nuestra valiosa verdad. La que encabeza la lanza que divide aquello, de lo que se puede confiar. Cómo brújula rota, ahora gira sin rumbo fijo. Ya no importa el norte, solo cómo se acomoda a las voces que la cuentan. La realidad ya no tiene dueño, solo narradores que la construyen, que la deforman, que la hacen suya.

Batallas ganadas que se vuelven a perder. Porque todo cambia. Porque todo se repite. Porque olemos a putrefacción, a estancado. Porque no aprendemos. Porque no queremos aprender. Porque no sabemos cómo aprender. Porque no nos ponemos de acuerdo. Porque te odio, todavía no se por que, pero te odio. 

La serpiente, que es astuta, paciente y calculadora, simboliza la intuición, la estrategia, la sabiduría y la transformación. Sabiendo cuándo moverse y cuándo esperar, logra lo que quiere lograr. Diez mil años de agua que reptan calmadamente para hacerse aire por diez mil años más. La profundidad y vehemencia de las emociones que se evaporan en el pensamiento. Quizás ahora el ciclo se haga evidente. Quizás, navegando con las palabras, a través del océano de las ideas, nos podamos ver. Quizás ahora entendamos que lo impermanente es lo natural, y que solo desde dentro se despeja la neblina que oculta los engranajes, por cuyos dientes se vislumbra la verdad.


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